ESCRITURA SECRETA
© Jesús Moya

Los lectores de estas croniquillas conocen mi simpatía por don Juan Fernández de Velasco. Hace meses le saludábamos aquí mismo como mecenas de la Ópera en Milán. Su elegancia sencilla de gran señor en aquel gobierno está reflejada en la gran novela de Manzoni, "Los novios". Cultivó el coleccionismo a lo barroco, pero no como fin en sí, pues lo mismo que rezaba a las reliquias de santos que atesoró, también leía los libros que juntó en su biblioteca. Alumno del Brocense en Salamanca, don Juan fue curioso polifacético. Como literato aficionado osó poner los puntos sobre las íes a todo un Fernando de Herrera, criticándole con cierto humorismo bajo seudónimo de "Prete Jacopín, vecino de Burgos" (1580), a lo que respondió "el Divino" con cajas destempladas. También el padre Mariana recibió de Italia ciertos peros a su "Historia de España", firmados por un Pedro Mantuano; a quien replicó el jesuita con igual acritud, sabiendo quién estaba detrás de aquel joven secretario del Velasco.
Hoy vamos a conocer otro interés apenas conocido del V Duque de Frías: la criptografía, arte de escribir mensajes secretos, sobre todo cifrados. De ello da fe un manuscrito anónimo de la colección L. J. Schoenberg, que he visto por casualidad y está al alcance de cualquiera en Internet. Se llama "Libro De Cifras". Escrito en buen papel, con sus 164 páginas de letra clara y 31 "estampas" o láminas, pasa por ser el primer tratado de criptografía en lengua española. Esto supone otra primicia para don Juan en su papel de gobernador, militar y diplomático.
El arte de disfrazar mensajes es tan viejo como la humanidad, y más, pues muchos animales lo practican, como también las plantas. Como tal arte, es doble: ocultar el sentido del mensaje (criptografía), o la existencia del propio mensaje (esteganogrfía). Un papel en blanco escrito con tinta invisible o "simpática": he ahí un ejemplo de esteganografía. Si al revelar la tinta aparece un mensaje cifrado, diremos que el esteganograma es además un criptograma. (Valga sólo de ejemplo, porque a menudo ambas cosas se confunden.)
La criptografía engancha. Los chavales de mi tiempo seguíamos la suerte de la II Guerra Mundial en los frentes de batalla, mientras nos intrigaba mucho más la guerra paralela del espionaje, la quimera del código definitivo. Los amigos jugabamos a mensajes secretos, y yo mismo inventé viarias cifras indescifrables.
Estas mañas, como digo, son muy viejas. La Biblia cuenta que el rey David, enamorado de la mujer del general Urías, envió al marido al frente con una carta donde venía a decir: "No quiero vivo al portador". Ese tipo de mensajes todavía hoy se llaman "cartas de Urías", y lógicamente suelen ir en clave, como pienso que iría también aquélla, si el militar no era tan bobo como leal y valiente (2 Samuel, 11).
La escritura cifrada entró en la política española al menos desde los Reyes Católicos. Felipe II se jactó muchos años de la seguridad de sus códigos, hasta que el matemático Viète se los rompió a beneficio de Francia. Don Felipe pensó que hubo de ser por arte de magia negra, y así lo denunció al papa inquisidor san Pío V. Pero el pontífice no le hizo caso, pues él mismo leía de corrido la correspondencia secreta de España y otros países, sin tener pacto diabólico, sólo con ayuda de analistas italianos a sueldo de la Curia Romana. Y es que al diablo se le atribuyen muchas habilidades, que ni siquiera son para tanto.
En aquel contexto de obsesión informática barroca abrimos el manuscrito dedicado a nuestro Velasco. Una primera parte es interesante porque, sin meterse en una teoría general de los signos, toca la casuística de los diferentes números, alfabetos, signos astrológicos, notas musicales, sistemas monetarios, lógica, figuras retóricas etc.; y cómo no, los jeroglóficos egipcios, a los que se sumaban ahora los de la Nueva España, amén de los ideogramas chino-japoneses. Y, como era de rigor en el barroco, no faltaba la heráldica y los emblemas en general, enigmas y otras curiosidades. Una segunda parte, más extensa y práctica, expone hasta 12 métodos de cifrar y descifrar, incluidas tramas, zelujías (celosías), regletas correderas y ruedas móviles.
El libro es completo, a falta sólo de la primera hoja cortada, donde se supone iría el título y nombre del autor. El encabezamiento dice: "AL EX.MO SR. IVAN FERNANDEZ / De Velasco Condestable de Castilla, / Señor de la Casa de los siete In= / fantes de Lara, Del Consejo / de Estado de su Mg.d y / Presidente de Italia. &c." Este último título nos sitúa en 1610-1612. Debajo hay un recuadro con dedicatoria en forma de soneto que hoy parece adulatorio, aunque entonces era de recibo. Pero aunque al códice no le falta nada más, no es obra acabada, como pronto se ve, y el mismo autor lo achaca a falta de tiempo y hasta de papel, escrita de su puño con enmiendas, por no poder pagarse un calígrafo y dibujante, "y las figuras son como de quien no profesa pintar"; ahorrando adminículos y explicaciones que ofrece dar de palabra (aunque un talento como el del Condestable no lo necesite).
Era obra primeriza, cuyo autor no presume de pionero. Sabe que más de 40 años antes otro todavía vivo, el napolitano Juan Bautista Porta, había publicado una obra juvenil (1563) que él ha conocido años atrás, aunque no se considera plagiario ("las declaraciones de las estampas… son originales"); muy al contrario, cuando él conoció la obra de Porta pudo contrastarla con inventos propios de fecha anterior: "Yo inventé esta disposición de cifra cuadrada el año de 94, y el de 1600 hallé otro en el libro de J. B. P." (pág. 90). "Más de dos años después que yo inventé el Modo de cifra de movimiento circular de la plana 127, vino a mis manos el libro de J.B.P., donde hallé tres…" (pág. 128). Además, Porta escribió en latín, y nuestro anónimo no es latino. Más mérito, si cabe, porque "la invención es admirable, y que pienso hice mucho en entendella sin su declaración latina" (pág. 96); o bien: "el primer cuadrado de este Modo 18… es del libro de J.B.P., fol. 33, y por falta de traducción de su lengua latina, vine a entendelle por conjecturas" (pág. 108).
Pero sin ser latino, sabe citar los clásicos, como también a Camoens y a Garcilaso - cuyos versos memorizados le sirven de "raíces" para sus claves-, y él mismo se paga de poeta. Por cierto, a Juan de Mena le atribuye la estancia tan conocida: "En esta vida prestada / do el buen vivir es la llave, / aquel que se salva, sabe, / que el otro no sabe nada."
El no va más de su sistema lo tenemos en el Modo 21, Estampa 26: una "Cifra planisférica" imitada del astrolabio, como proyección tolemaica de otro modelo inspirado en la esfera armilar: "Ocurrióme a la imaginación, estando yo en la Academia de Madrid oyendo la Esfera, hacer yo una de cifras en un cuerpo o globo de movimiento, divisos en él por círculos máximos varios alfabetos de cifras…, de manera que con cualquier movimiento, rapto (rápido) o tardío, se pudiese cifrar sin errar… Suspendí su fábrica, hasta que en Lisboa, oyendo el Astrolabio", etc. (p. 126). El resultado es sólo para imaginado, en blanco y sin piezas móviles "por faltar papel en esta plana" (p. 126).
Nada más puedo decir del autor (ni tengo sitio), por las pistas que él da. Pudo ser criado de los Velasco desde niño, pues según él, estudió aritmética en Berlanga por el libro del bachiller Moya (Juan Pérez de Moya). "Oyó" cursos de Cosmografía, primero en Madrid -cuya Académica de Matemáticas fundó Felipe II en 1582-, luego en Lisboa; y antes de entrar al servicio del Condestable había sido secretario del marqués don Martín de Córdoba y Velasco, llamado el Joven, Gobernador de Orán y luego Virrey de Navarra (1589-1595). A don Martín precisamente un Miguel de Cervantes, cautivo en Argel, envió cartas en 1578, pidiéndole un espía libertador. ¿Cartas cifradas? Cifradas o no, pero leídas por quien no era el destinatario, a don Miguel su tercer intento de fuga le valió una condena de ¡2.000 bastonazos!, que se dice más pronto que se dan. Y menos mal que no se los dieron, porque no tendríamos Quijote.

Nota. El "Libro de Cifras" se encuentra en excelente facsímil en la URL:
http://sceti.library.upenn.edu/ljs/view.cfm?option=view&MANID=ljs423

 

 



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