UN MUSEO DIFERENTE
La familia Andino de Villarcayo ha sido durante 117 años el mayor proveedor de gaseosas y sifones en Las Merindades
La saga de comerciantes villarcayeses formada por tres generaciones de la familia Andino se cerró en 2001 por la jubilación de Remi, quien una vez puestas en "orden de revista" las máquinas utilizadas en la fabricación de gaseosas y sifones, ha presentado ante Crónica... el trabajo de 117 años dedicados al comercio y el transporte.
Fue el abuelo, Remigio Andino Baranda, quien, en el año 1884, abrió en la Plaza Mayor de Villarcayo un negocio de venta de coloniales y ultramarinos, incluyendo la fabricación y venta de tabletas de chocolate con la marca tomada del apellido. En 1925 comienza a fabricar y vender gaseosas y sifones que él mismo elaboraba, además de vender cerveza fabricada por la Cervecera del Norte.
En 1930 fue José Andino Pérez, hijo de Remigio, el que tomó las riendas del negocio ampliándolo con la fabricación de galletas y dulces en general, además de dedicarse al transporte con la ayuda de la familia.
En 1958 la empresa dejó de fabricar gaseosas aún manteniendo la producción de sifones y demás artículos, siendo Remi Andino quien en el año 1960 toma las riendas de la misma, pero en este caso como distribuidor de marcas como Kas, Pepsi-Cola, cervezas de varias marcas, batidos, agua mineral y ante todo la de gaseosas La Casera, todo ello sin dejar el transporte.
Ya con la pausa que uno asume cuando ha llegado a la jubilación, Remi hace un repaso de su historia laboral señalando que el tipo de trabajo que él desarrollaba era "sacrificado" ya que requería una atención "casi de 24 horas diarias" para controlar el almacén, los vehículos, los envases, el personal contratado para apoyar el incremento de trabajo del verano "y el capital que mueve en un negocio de este tipo". En contrapartida se muestra orgulloso de la cantidad amigos que ha atesorado en su amplio e insistente recorrido por lo lago y ancho de Las Merindades.
Una vez conseguido el descanso que proporciona pasar al grupo de los jubilados y como "inquieto" que es, Remi se ha puesto a trabajar en una actividad que le da toda clase de satisfacciones, ya que casi tiene montado, en lo que fuera el almacén de la empresa, un Museo, con mayúsculas, donde, debidamente ordenado por conceptos, está la maquinaria y otros aparatos, incluida toda la administración, que utilizó la saga familiar desde los tiempos de su abuelo hasta ahora.
Todo está en orden en cada uno de los apartados dedicados a las distintas herramientas y maquinas que utilizaban el trabajo. Así, en el primer espacio que visitamos están los moldes para dar forma a las tabletas de chocolate, los dedicados a los caramelos, los moldes para las galletas, cazos y balanzas, entre otros.
En la parte central está la maquinaria, empezando por la dedicada a llenar los sifones seguido de las dos máquinas utilizadas en el llenado y sellado de las botellas de gaseosa y por ultimo la bombona que almacenaba el anhídrido carbónico, todo ello reluciente después de haber pasado muchas horas sacando brillo al cobre del que están fabricadas.
En el siguiente y último espacio están los archivos de administración donde se pueden consultar todas y cada una de las factura y otros documentos propios del negocio. Al mismo tiempo se puede contemplar una extensa colección de envases, todos con la marca "Andino", de los distintos productos que han elaborado.
También están las anécdotas que no se encuentran en el Museo pero sí en la mente de Remi, como es lo ocurrido con el camión de transporte cuando se dirigía desde Medina a Montija y donde los que venían de frente le hacían señas que él interpretaba como saludos pero la realidad era que en el alto de la Sardinera, en Santurde, había hielo y lo pudo comprobar cuando el vehículo tomo la iniciativa y se empeñó en volver a Medina sin contar con el conductor, o lo acontecido con una carga semanal de gaseosas de la Casera que trasportaba 14 palés para Remi y que en el "fragor" de la merienda habitual en cada uno de los viajes, se olvidaron, tanto el transportista como el destinatario, de descargar 6 palés que volvieron a Burgos y que sólo cuando recibió una llamada de Burgos se dio cuenta del descuido, con innumerables tomaduras de pelo por medio.
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