San Antolín y
LA VIRGEN DE LA HOZ
de Baillo

Baillo es una pequeña aldea perteneciente al municipio de Merindad de Cuesta Urria. Junto a Paralacuesta, son los núcleos más alejados de su capital, Nofuentes. De los dos barrios, separados por un arroyo carente de caudal la mayor parte del año, con los que contaba Baillo, tan sólo queda decentemente en pie el ubicado junto a la iglesia parroquial de San Antolín. El otro, al que llaman Crispe, está en ruinas y semiabandonado.
Pese al gran esfuerzo necesario para creerlo, este minúsculo lugar fue hito importante en uno de los caminos secundarios de Santiago de Compostela. Los peregrinos provenientes de la costa cantábrica y que, desde Bilbao o Portugalete buscaban la meseta siguiendo, aguas arriba, el curso del río Cadagua, llegaban al Valle de Mena y se enfrentaban al gran circo rocoso de los Montes de la Peña. Tras superarlo, bien por el portillo de La Magdalena o la calzada romana de Irús y San Pelayo, arribaban en Medina de Pomar, desde donde, muchos de ellos, con el fin de ahorrarse el peaje que el señor de Villaciles cobraba por utilizar el puente de El Vado, seguían hacia Paralacuesta para cruzar el río Nela.
Son éstos los que se llegaban hasta Baillo con el fin de rezar y encomendarse a san Antolín invocando su protección ante el difícil paso de Los Hocinos que les aguardaba.
Desde el siglo XII, época en la que se construyó en Baillo, en el es estilo románico imperante, una, para entonces, importante iglesia en honor de San Antolín, un mártir francés del siglo X (NOTA: Este personaje, de simpático y festivo nombre, fue decapitado y descuartizado, aunque, según una romántica y fúnebre leyenda, su cabeza y sus brazos fueron depositados en una barca y velados por dos águilas hasta que la corriente los llevó a Pamiers, de la que nuestro santo es patrono desde entonces) el lugar ha logrado una gran fama y arraigo entre las gentes de esta comarca de Las Merindades
La iglesia a la que estamos haciendo referencia es de una sola nave, la cual se remata en un ábside de planta semicircular. La bóveda de horno y el presbiterio de cañón originales, fueron sustituidos por un artesonado renacentista encajado a duras penas en la fábrica del templo, constituyendo una original transformación de toda la cabecera a la que da entrada un importante arco dotado de capiteles bellamente adornados. El ingreso se efectúa por el paño de mediodía mediante un acceso de arco de medio punto, cobijado en un pórtico de madera y adobe y necesitado de una reparación urgente, el cual sirve de sostén a la antigua casa cural y de cofradía.
Si el viajero da una vuelta por el exterior del templo, quedará entusiasmado con la contemplación de los artísticos canecillos que sostienen la cornisa. Todos son distintos y de muy variada índole: animales, prótomos, vegetales, motivos geométricos, y, como es corriente en la zona, representaciones eróticas.
Baillo es un lugar solitario, ubicado en las mismas faldas de La Tesla, que, sin saber cómo ni porqué, envuelve al viajero en un cálido ambiente de reflexión íntima, que se multiplica hasta el infinito si éste sube hasta la cercana ermita de Nuestra Señora de la Hoz, ya en plena Tesla y a tan sólo kilómetro y medio de la iglesia que acabamos de visitar.
Para llegar a ella hay que seguir el camino que arranca hacia la izquierda, hacia la Tesla. Pronto nos toparemos con una especie de barrera que los lugareños han colocado para evitar que el ganado suelto irrumpa en el pueblo y para disuadir, en lo posible, de malas intenciones. No es obstáculo suficiente para los bienintencionados.
Poco a poco, el camino se empina. El borto, las alegas, los chaparros y algunas angélicas se convierten pronto en nuestra escolta hasta que, al cabo de un cuarto de hora, más o menos, encontraremos uno de los más bellos rincones de la zona, un tanto descuidado, al menos en nuestras últimas visitas, es cierto, pero acogedor como pocos. Entre frondosos nogales, la ermita de Nuestra Señora de la Hoz se esconde, recoleta, en el centro de este paraje lleno de frescura y paz, que invita al descanso y la meditación. Se trata de una construcción recia, barroca, construida a base de sillares. Es, y eso pronto lo deducirá el visitante, otro de esos lugares mágicos que te atraen y que te producen sosiego. Aquí desaparecen las prisas y las preocupaciones. Se respira paz.
La imagen de la Virgen que se guarda en su interior, a finales de mayo y primeros de junio, protagoniza una popular y doble romería anual en un viaje de ida y vuelta hasta la parroquial de San Antolín. Primero se baja y luego, una semana después, se sube mediante procesiones de gran parafernalia, que se acompañan con cruces procesionales, pendones y estandartes, cuyo honor de portar son subastados previamente. Esos días, paz y sosiego cogen vacaciones y se truecan en continuos actos y cantos religiosos, bullicio, fiesta y comida campestre.
En la parte baja del nogueral hay una fuente que invita al trago reparador tras la subida. Es creencia popular que el visitante, hombre o mujer, que beba agua de esta fuente - manantial y rece, con fervor y en gracia de Dios, una salve a la Virgen no morirá célibe.
La imponente Sierra de la Tesla protege el conjunto. La siesta veraniega a la sombra de los nogales es francamente tentadora, sobre todo si tenemos la suerte de que nos arrullen el canto del cuco o los trinos del mirlo y el ruiseñor.

 



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