Días egipcíacos

© Jesús Moya

En Abril vimos cómo un mismo año tiene varios días de "año nuevo", según por donde se empiece. Lo cual tiene su importancia para fijar fechas históricas. Hoy vamos a ver otra complicación calendaria, y no sólo para historiadores, sino de actualidad, porque preocupaciones de otros tiempos siguen vivas para mucha gente. Se trata de los "días egipcíacos" o días negros.
Aclaremos. No sé de horóscopos, ni disputo el pan a los que viven de esas credulidades, allá cada cual. Sólo llamo la atención sobre un hecho notable: las fechas históricas que dependen de la decisión humana no se reparten al azar. Las grandes bodas, el comienzo de empresas importantes, incluso declaraciones de guerra, batallas o la firma de tratados de paz etc., no ocurren cualquier día. Es como si determinadas fechas estuviesen prohibidas ¿Por qué? Porque lo estaban en cierto modo; porque la gente pensaba que todos los días no son iguales. A veces esa preocupación se refleja en los documentos, cuando se habla por ejemplo de "días egipcíacos", o se dice que tal cosa no se hizo por ser el día malo, o nefasto.
La distinción de días fastos y nefastos viene de Roma, donde un pontífice cada primero de mes llamaba al pueblo para notificarle esos días. En latín antiguo, llamar se decía "calare" (como en inglés to call), de ahí que esos días primeros se llamaron "calendas", cuando se hacía público el calendario mensual. Los días nefastos no eran propiamente festivos, pero como si lo fueran, a efectos oficiales.
Con el cambio de religión, del paganismo al cristianismo, esas preocupaciones no cesaron, sólo mudaron de fecha. Toda una ciencia astrológica era necesaria para acertar en los negocios de la vida, y aun así las cosas podían salirte mal, porque cada cual nace con su estrella, o sea su constelación o signo del Zodíaco (el "sino"). Todavía en plena Edad Moderna, la carrera de Medicina tuvo como asignatura básica la Astrología. Los recursos terapéuticos se reducían a tres: emplastos, purgas y sangrías. Pero no aplicados al tuntún, sino en debida forma, lugar y tiempo. Y aquí entraban ciertos intervalos y días vitandos. De hecho, muchos galenos ganaban más como astrólogos levantando horóscopos, que por su acierto en el área estrictamente médica.
En todo aquel barullo adivinatorio se distinguían ciertos días de cada mes que, según experiencia inmemorial atribuida a la medicina egipcia, eran de mal pronóstico para ciertas dolencias y sus tratamientos. Un paso más, y aquellos días "egipcíacos" se tuvieron por malos a todos los efectos. Su popularidad se explica porque el vulgo prefiere las reglas simples, y éstos eran días fijos que no pedían conocimientos astronómicos, sino un poco de memorieta y contar con los dedos. Veamos.
Cada mes tenía dos de esos días negros. Para recordarlos se inventó este dístico latino:
Augurior decios, audito lumine clangor,
Liquet olens abies, coluit colus, excute gallum.

¿Qué significa ese galimatías? Por decirlo en una palabra: nada. Juzguen ustedes mismos: "Más augurioso a los dados, oída la luz, un sonido se aclara, oliente abeto, se aplicó la rueca, sacude al gallo" (o bien "al Galo", al francés). Un mero recordatorio, dode lo que importa es el número de orden de los meses y el de las letras en el abecedario latino. Veamos:
La fórmula tiene 12 palabras, una por cada mes: AUGURIOR = enero, DECIOS = febrero, y así hasta GALLUM =diciembre. Cada mes tiene dos días negros, el primero contado desde el principio, y el segundo al revés, desde fin de mes. En la receta vienen señalados por las letras primeras de la 1ª y 2ª sílaba de la palabreja, y sus números marcan los días, de delante atrás y de atrás adelante respectivamente. Un ejemplo: a mayo, 5º mes (31 días), le corresponde la palabreja CLANGOR. La 1ª sílaba (CLAN) empieza por C, 3ª letra del abecedario, y por tanto el 3 es mal día. La 2ª sílaba (GOR) empieza por G, 7ª letra latina, y por tanto 31 - 7 + 1 = 25 es el otro día malo. (Todas las demás letras y sílabas del sonsonete son ripio.) Las letras que cuentan, con sus valores, son: A = 1, B = 2, C = 3, D = 4, E = 5, G = 7, L =10, M = 11, O = 13, Q = 15. El resultado es esta tabla:
Más cómodo que ir a la tabla era aprenderse una docena de versos, uno por cada mes, atribuidos a san Beda o alguien de su escuela: Jani prima dies, et septima a fine timetur ("de Enero da miedo el primero, y el séptimo desde el postrero"). Y Así sucesivamente hasta diciembre.
He citado a san Beda, sapientísimo varón inglés contemporáneo de nuestro rey don Pelayo. Beda, gran pedagogo, tenía la costumbre o manía de enseñar cualquier cosa de su enciclopédico saber poniendola en verso. También los días egipcíacos.
¿Tanta fe se daba a esas cábalas? Una enormidad. En el París de Catalina de Médicis (siglo XVI) pululaban no menos de 30.000 charlatanes adivinos, con clientela en todas las clases sociales, de modo que apenas había dama de calidad sin su astrólogo fijo. Pasando a Roma, oigamos al embajador de Carlos V, Hurtado de Mendoza: "Pocos cardenales hay que concierten negocios, aunque sea para comprar una carga de leña, sin el visto bueno de algún astrólogo hechicero." El papa Paulo III (1468-1549) "no celebró consistorio de importancia ni emprendió viaje alguno sin escoger el día consultando a las estrellas", afirma el historiador Ranke. Sólo en 1585 otro papa, el franciscano Sixto V, condenó la astrología porque la usaban sus enemigos para sacar pronósticos contra él; pero curiosamente, la bula en cuestión ("Coeli et terra") no se publicó en España hasta 1612. En los dominios de Felipe II no se ponía el sol, y por tanto tampoco la luna ni las estrellas.
Con esto ya tiene bastante el lector para -si no tiene nada mejor que hacer- abrir una tabla histórico-cronológica y tomar nota de las fechas en un intervalo cuanto más amplio mejor, excluyendo las aleatorias de por sí, como nacimientos, fallecimientos y accidentes naturales. De ese modo comprobará hasta qué punto los días egipcíacos han gobernado la Historia. Si el mismo lector además me hace el favor de pasarme el resultado, le estaré agradecido, porque nunca he sacado tiempo para hacer yo mismo lo que recomiendo.
Pero, ahora que lo pienso… Escribo estas líneas el 19 de abril, al filo de la medianoche. Mejor si pongo aquí punto final. Dentro de breves instantes estamos a 20, día egipcíaco de los más peligrosos, según el versículo de este mes: Denus et undenus est mortis vulnere plenus ("deceno y onceno, de herida mortal está lleno"). El 10 ya pasó, sin pasar factura, a Dios gracias. Y el 11 "cangrejo" de abril es… ¡el 20! Apago y adiós.

 


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