PEREGRINOS A SANTIAGO
Los caminos de Las Merindades

Desde que en 1181 el Papa Alejandro III, por medio de la bula "Regis Aeterni", concediera al sepulcro del apóstol Santiago el privilegio del jubileo (desde entonces el Año Santo se produce cuando el 25 de julio, Festividad de Santiago, cae en domingo), la riada humana, procedente de todos los lugares de Europa, que llega a este lugar de la lejana Galicia ha sido impresionante.
Tan sólo en el período de los siglos XVI al XVIII y en ciertas décadas de la centuria pasada, la afluencia decayó un tanto, pero la visita a la tumba del apóstol Santiago que el Papa Juan Pablo II hizo en 1983, volvió a poner de moda el fenómeno indiscutible de las peregrinaciones a Compostela. Dicho efecto se reavivó con la llegada del año jubilar de 1989, en el que, de nuevo, volvió a visitar Santiago de Compostela dicho Papa. Desde entonces el fenómeno no ha cesado.
Que los restos que se guardan en Compostela sean o no realmente los del apóstol Santiago es cuestión muy debatida y que ha dividido a las gentes en detractores y defensores de tal realidad
Tengamos o no dudas sobre la identidad de los restos de Compostela, lo que es innegable es la veracidad y magnitud del atractivo que supone para toda la cristiandad el hecho del peregrinaje a Compostela. Tras once siglos de culto, ya ni se plantea la cuestión.
A partir de la divulgación, a mediados del siglo XII, del célebre CODEX CALIXTINUS con la guía del peregrino francés Aymeric Picaud, un monje benedictino, los caminos de peregrinación a Santiago de Compostela parecen confluir en el que describe Picaud y que, al parecer, ya se conocía bien desde el siglo XI. Es un camino que se vio favorecido enseguida por reyes y papas. En sus inmediaciones se levantaron iglesias, ventas, hospitales, asilos e incluso pueblos, y tomó tal importancia que a los demás se les ha negado cualquier protagonismo, quedando ocultos, olvidados.
Que no fue el único está muy claro. La procedencia de los peregrinos era muy variada y no siempre coincidía bien con el camino descrito por Picaud.
La proliferación de iglesias de estilo románico, casi todas ellas levantadas entre los año 1170 al 1320, que se da en la comarca de Las Merindades (más de treinta), con advocaciones tan camineras como Santa María, San Martín, Santiago, Santa Marina, San Millán, San Cristóbal, etc., muchas de ellas con elementos decorativos relacionados directamente con el peregrinaje, y la existencia de topónimos tan sugerentes como "el camino viejo", "la fuente del peregrino o del romero", "la silla del caminante" o "la calzada" nos inclinan a pensar que, por esta comarca, transitaban peregrinos de forma habitual. Muchos procederían, lógicamente, de la propia comarca, y otros llegarían desde la costa para, enfrentándose al gran circo rocoso de los Montes de la Peña, dirigirse a la meseta castellana.
Demostrado suficientemente la existencia de un camino de peregrinación que llegaba a Valmaseda desde Bilbao, es evidente que los caminantes deberían atravesar los territorios de Mena y las Merindades para continuar hasta Santiago. Dos son las vías que se utilizaban desde esa villa vizcaína.
A) En el hoy límite de las provincias de Vizcaya y Burgos, en El Berrón, donde aún se puede contemplar un puente de la vieja calzada romana, se seguía la ribera izquierda del río Cadagua, por Gijano y Nava, hasta llegar a la desembocadura del río Ordunte, cuyo cauce se remontaba aguas arriba.
Una importante parte de este camino hoy se encuentra inundada por las aguas del pantano de Ordunte, construido por el Ayuntamiento de Bilbao en la tercera década del siglo XX, por cuyo centro discurría, para, luego, atravesar los términos de Ribota y Hornes, donde aún se conserva, aunque en lamentable estado, otro puente, éste sobre el arroyo El Alisal, que pertenecía a la mencionada calzada romana. La calzada de que hablamos, identificada como la que unía Castro con Herrera del Pisuerga, atraviesa el pueblecito de Burceña, cuya iglesia románica se alza junto al camino, y luego busca las aguas del río Hijuela para subir por Arceo. Desde Arceo esta vieja calzada llega y atraviesa Irús para arribar a la meseta por San Pelayo (otra advocación peregrina) y de allí hasta Agüera, donde se unía el camino que llegaba desde Laredo y Ramales. De Agüera a Bercedo y, de allí, a Medina de Pomar.
B) La existencia de dos monasterios tan importantes como San Lorenzo, en Vallejo, y Santa María, en Siones, el primero perteneciente a la Orden de San Juan de Jerusalén y el segundo a una abadía seglar tradicionalmente vinculada a los templarios, nos obligan a considerar que otra vía de peregrinación seguía la orilla derecha del río Cadagua, por la que llegaban hasta esos lugares, utilizados, sin duda, para descansar y afrontar el reto de superar La Peña.
El primer hito lo encontraban en San Lorenzo, en Vallejo, una encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén, dedicada, como se sabe, a la atención de peregrinos y, de allí, ya repuestas las fuerzas, a Siones, donde podían encontrar refugio en su abadía de Santa María.
Una vez en Siones, los peregrinos y no sólo ellos, sino los trajineros, muleros y comerciantes en general, durante siglos, aunque tenían otras sendas, incluida la de Arceo e Irús, ya descrita, solían utilizar la que ha perdurado hasta nuestros días y que aún se utiliza. Nos referimos a la senda que, desde Siones, sigue hacia Cadagua y, por el portillo de La Magdalena, llega cerca de Castrobarto para, sin entrar en él, seguir por Lastras de las Eras y Las Eras, hasta Colina de Losa y, desde este lugar, por Tabliega, arribar a La Cerca y llegar a Medina de Pomar, donde descansarían en uno de sus hospitales y girarían visita a la ermita de San Millán, lugar de encuentro de los peregrinos y donde se juntaban caminos y caminantes.
Las trochas, sendas y veredas que, desde Medina, se dirigían hacia Santiago eran muy numerosos, pero eso, queridos lectores, será tema a tratar más adelante.
Sería deseable que, aprovechando el nuevo auge de la peregrinación a Santiago, los ayuntamientos y asociaciones de la región impulsasen la limpieza y señalización de los caminos descritos y, si es posible, la habilitación de refugios y albergues para que los peregrinos encuentren atractivas estas vías alternativas.
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