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VALLE DE MANZANEDO

El MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE RIOSECO

Ahora o nunca. O rescatamos ahora las magníficas ruinas del monasterio cisterciense de Rioseco o nos despedimos para siempre de ellas y de la huella que los monjes bernardos dejaron en el valle burgalés de Manzanedo. Sería trágico perder en su totalidad uno de los monasterios cistercienses más impresionantes de Castilla y León. Sería trágico, y contradictorio hoy, cuando tanto se nos llena la boca de proteger el patrimonio para venderlo como reclamo turístico. ¿Pues no es el turismo el principal recurso económico de nuestro país?

La mayor emoción de cualquier viajero que se adentre en el valle de Manzanedo la recibirá sin duda cuando se encuentre con las ruinas del monasterio de Rioseco, la casa que los monjes blancos de San Bernardo construyeron en la primera mitad del siglo XIII a orillas del Ebro, entre Incinillas y Argés. Mirará el viajero hacia arriba, y la gran torre del cenobio (Torre del Abad), venida a menos desde que una gran parte de ella se derrumbara en los años ochenta del siglo pasado, le invitará a adentrarse en la espesura de las ruinas. Un senda empinada, comida por la maleza y que apenas deja ver el empedrado medieval, lleva sin mayores dificultades hasta el grueso de los restos del convento. Aquí, entre poderosas y asfixiantes yedras, ramilletes de avellanos, de culantrillos, lenguas de ciervo y toda suerte de vegetación, se esconden las ruinas más hermosas que visitar se pueda. El soberbio claustro herreriano, la gran nave de la iglesia, con el estilo sobrio de los cistercienses y saqueada hasta el infinito, más la escalera renacentista que sube a las techumbres descarnadas, entre otros restos, conforman un panorama arquitectónico tan hermoso como desolador. La secular falta de atenciones del cenobio desde la desamortización, y desde que la última familia que vivió en él emigrara hace cuarenta años, han hecho que sea milagroso que aún se conserve lo que se conserva. Quizá el penúltimo milagro de San Bernardo, si es que hubiera hecho alguno.
Dentro de sus posibilidades, que son más bien escasas, la asociación Amigos del Monasterio de Santa María de Rioseco, creada 2007, lucha para que no se haga traición ni al Arte ni a la Historia en este maravilloso enclave burgalés de la comarca de Las Merindades.

ALGUNAS CURIOSIDADES EN TORNO AL MONASTERIO
Hay algunas preguntas que los muchos visitantes que acuden a visitar las ruinas de Rioseco se hacen. La que más se repite, a la vista de tan grandiosos restos, es cuántos monjes llegaron a vivir en el monasterio. A este respecto, siguiendo el libro de Inocencio Cadiñanos Bardeci "El monasterio de Santa María de Rioseco. Historia y cartulario", vemos que en 1527 eran 18 los monjes que lo ocupaban, subiendo hasta 25 en la época de mayor esplendor, que es en la que se hizo una importante reforma y cuando se construyó el magnífico claustro que ahora todavía podemos ver. También el Catastro del marqués de la Ensenada pone algo de luz en este asunto: mediado el siglo XVIII el monasterio era ocupado por "18 sacerdotes de misa, 3 coristas, 2 legos, 1 novicio y 13 criados". La población del cenobio sin embargo está en clara decadencia en 1808, cuando ya solo quedaban en él cuatro monjes.

Estas cifras podrían ampliarse si se contase los donados, aquellos laicos que se entregaron al monasterio y a la comunidad religiosa. Los donados, generalmente viudas o matrimonios ancianos y sin hijos, y algún que otro desvalido, vivían en dependencias anejas, recibían hospedaje y alimento y vestido de por vida y tenían derecho a enterrarse dentro de monasterio, a cambio de entregar sus bienes, bien en vida o "post morten". El servicio de donados era, pues, una especie de asistencia social que tuvo su auge en la Edad Media, pero que en Rioseco se prolongó hasta finales del siglo XVII. Naturalmente, este servicio asistencial y "sus compensaciones económicas fueron una continua fuente de acrecentamiento del patrimonio raíz del monasterio" (sic. Cadiñanos Bardeci).
Resulta curioso también conocer el microcosmos formado por los criados de Rioseco, ya que ayuda a situar el discurrir de la vida en el monasterio. En este sentido, y siempre según el magnífico libro de Cadiñanos Bardeci, sabemos que en 1618 trabajaban para la comunidad cisterciense 2 pastores, 2 cocineros, 4 mujeres criadas, 8 criados encargados de lavar, cocer pan y trabajar en los huertos. Asimismo, en este amplio grupo debe inscribirse también un doctor, un abogado de Villarcayo, un escribano, un barbero, un pastor de puercos, un mozo de espuelas, un procurador, un pescador, un zapatero y un herrador. Toda una pléyade de gente al servicio de un monasterio que también tuvo muchos pleitos, muchos problemas, y que algunos de ellos estuvieron acompañados de cierta tensión. No de otra forma puede interpretarse el hecho de que en 1510 el Corregidor de Burgos, Pedro de Mendoza, informara sobre "la resistencia armada que el monasterio de Santa María de Rioseco hizo al visitador general de la Orden del Cister, Juan de Urueña" (Archivo General de Salamanca. Consejo Real de Castilla).

Aunque parezca paradójico, hay veces que la desidia, la incuria, el olvido, pueden convertirse en buenos aliados de la arquitectura y de los proyectos de acondicionamiento de edificios y lugares. Este podría ser el caso del monasterio de Santa María de Rioseco, cuyas ruinas, por sí mismas y debido al abandono secular al que se han visto sometidas, constituyen hoy un patrimonio "edificado" de enorme magnitud y encanto. Los restos del viejo monasterio cisterciense, emplazado en el siglo XIII en el valle de Manzanedo, son tan extraordinariamente bellos y atractivos y el lugar donde se asientan tan espectacularmente agreste y salvaje, con el río Ebro de acompañante, que parece que todo se hubiera conjugado para invitarnos a llevar a cabo algún proyecto de ensueño, quizá un parque romántico donde dejar volar nuestra imaginación, donde ofrecer a todo aquel que quiera buscarse y encontrarse a sí mismo.

Tendría gran sentido hoy, cuando, estresados y amargados por las ciudades que nos devoran, buscamos refugios de paz y relajo allá donde podemos. Un proyecto cultural y lúdico que pudiera significar no sólo la recuperación de las ruinas, sino también dar un soplo de vida a los pueblos de valle de Manzanedo, tan despoblado ya.

Las fantásticas ruinas de Río Seco, con maravillosos arcos medievales y herrerianos, abrigadas por dos impresionantes sierras, el padre Ebro que mece sus soledades, la vegetación que todo lo envuelve, más la singular arquitectura tradicional de los pueblos del valle de Manzanedo, son ingredientes lo bastante atractivos como para crear un todo lleno de sentido y futuro. Lo principal está ya hecho, las bellísimas ruinas están ahí, los eremitorios y los pueblos también, invitándonos a su aprovechamiento. Ahora veamos lo que seríamos capaces de hacer.

Para empezar, habríamos de inventar algo nuevo. Monasterios medievales reconstruidos hay muchos, ruinas aprovechadas pocas o ninguna. Dejemos, pues, volar nuestra imaginación.

PROYECTO
EL proyecto que imaginamos está basado en dos ideas fundamentales: creación de un PARQUE ROMÁNTICO, en el que queden visibles y realzadas las ruinas, y de un JARDÍN BOTÁNICO, en el que se convivan la mayoría de las especies vegetales endémicas del valle de Manzanedo con las que usaban los propios monjes. Y todo ello, como no podría ser de otra manera, con un protagonismo especial del agua, que habría de tener su máxima expresión en una fuente instalada en el centro del claustro.
El resultado final recibiría el nombre de

"Parque romántico y Jardín Botánico de Santa María de Rioseco"

Fuente y canalización de agua que abastecía al monasterio

Durante las labores de desbroce que miembros de la Asociación Amigos de Rioseco llevaron a cabo recientemente en las ruinas del convento cisterciense de Rioseco, fueron localizados la fuente y canalización de agua que abastecía el mencionado cenobio, ambos de posible origen medieval y de los que no se tenía conocimiento alguno. En lo que se refiere al último elemento, se trata de una conducción de piedra, con su correspondiente rebaje en forma de U, de más de 600 metros de longitud y cubierta con cientos de losas de piedra labradas con forma triangular.
Iniciado desde los mismos muros del cenobio, el canal, que en algunos puntos llega a estar enterrado, puede seguirse con facilidad hasta la fuente que le da origen. En lo que se refiere a esta última, se trata de una surgencia natural entre roca toba a la que los monjes adaptaron una singular construcción, abovedada por dentro con sillares y con un compartimiento interior desde el que parte el agua hacia el gran canal. Para el acceso al interior de la fuente los monjes construyeron un muro frontal de piedra con vano de entrada de apenas un metro de lado, así como una ventana de aireación superpuesta que servía también para iluminar el nacimiento del venero.
Escondida en la espesura del bosque, esta fuente es una de las más originales que se conocen dentro de los abastecimientos a los monasterios. Lo mismo ocurre con la citada conducción, sin parangón en Burgos por su longitud, su perfecta y culta construcción y su buena conservación.
Dado su valor arqueológico, los Amigos de Rioseco creen muy conveniente que, en caso de una intervención en Rioseco, el conjunto debería ser también restaurado.

Buenas razones para un Parador de Turismo en Rioseco

Porque además de su indudable importancia histórica, Rioseco conserva restos artísticos de incalculable valor arqueológico y belleza, aptos para ser recuperados.

Porque son innumerables las posibilidades turísticas en toda la comarca de Las Merindades, paisajísticas y de patrimonio edificado. Infinidad de pintorescos valles y desfiladeros, grandes sierras, ríos de montaña, pantanos, las cavernas mayores de España, montes pasiegos con su cultura tradicional, decenas de ermitas románicas y góticas, iglesias rupestres altomedievales, torres y castillos, casas solariegas, arquitectura vernácula..., por citar sólo algunas de las riquezas que contiene la comarca. Posiblemente en ninguna otra zona de la península exista tanta concentración de atractivos turísticos como en Las Merindades.

Porque el lugar de enclavamiento del monasterio es paradisíaco, en un valle regado por el Ebro donde el tiempo parece haberse detenido, con bellísimos pueblos alrededor que conservan una arquitectura popular de ensueño.

Porque los accesos por carretera son excelentes, con enlaces muy próximos a las carreteras N-623, N-232 y C-629.

Porque existe cercanía y vecindad con las comunidades de País Vasco, Cantabria y Castilla y León, y con poblaciones del entorno, como Villarcayo, que se encuentra a tan sólo 7 kms., o Medina de Pomar, a 15 kms..., Espinosa de los Monteros, Briviesca y otras.

Porque se ha producido una importante movilización ciudadana de Burgos y Las Merindades para que se conserven los restos del monasterio, incluida la recogida de firmas que actualmente se está llevando a cabo.

Porque se han aprobado por unanimidad mociones en los Ayuntamientos de Villarcayo y Manzanedo, que respaldan que el Parador de Turismo sea instalado en Rioseco.

Porque en las Cortes de Castilla y León fue aprobada una Proposición no de Ley, formulada por los dos partidos políticos mayoritarios en dichas Cortes, instando a que las ruinas sean protegidas y consolidadas. Lo que viene a avalar que es urgente hacer algo para su preservación, sea tan sólo su consolidación o sea la construcción de un Parador.

Porque sería una forma de asentar población en una zona cuya despoblación galopante puede llegar a ser irreversible de no tomarse ésta y otras mediadas.

 

RECOGIDA DE FIRMAS
Actualmente se está llevando acabo una recogida de firmas para salvar el monasterio, tanto en papel como a través de Internet. Partidos políticos, ayuntamientos y alcaldes de la zona, profesores, investigadores, ciudadanos de toda España comprometidos con el patrimonio han puesto ya su firma a favor de rescatar las ruinas de Rioseco. La dirección en la que se puede firmar a través de Internet es
http://www.salvemosrioseco.es

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Se encuentra en peligro de extinción uno de los monasterios cistercienses más importantes y bellos de Castilla y León, el de Santa María de Rioseco. Situado en el valle de Manzanedo, al norte de la provincia de Burgos y sobre el río Ebro, su estado actual de abandono y ruina es una consecuencia de las desatenciones a las que se ha visto sometido desde que dejó de funcionar, primero como comunidad conventual (desamortización de 1835) y después como parroquia allá por los años sesenta del pasado siglo. La despoblación del citado valle llevó al olvido a Rioseco, los pueblos se fueron vaciando poco a poco hasta llegar a un punto de desierto demográfico.

Durante mucho tiempo, el valle de Manzanedo vino a ser un lugar remoto, prácticamente perdido en nuestra geografía. Y así, no es de extrañar que, sin atender los daños que poco a poco se iban produciendo, como consecuencia del paso de los inviernos y de la rapiña, lo que era previsible que sucediera sucedió: el proceso de deterioro de Santa María de Rioseco se hizo imparable, muro tras muro, arco tras arco fueron viniéndose abajo.





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