<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT"%> <% // *** Visit Counter *** // FELIXONE 2002 - SB by Felice Di Stefano - www.felixone.it var FX_count; var FX_digit = 6; var FX_dpath = Server.MapPath("FX_DataCounter"); var FX_fpath = Server.MapPath("FX_DataCounter/counter.txt"); var FX_fso = Server.CreateObject("Scripting.FileSystemObject") // Check if directory and file exists, if not create it. if (!FX_fso.fileExists(FX_fpath)) { if (!FX_fso.folderExists(FX_dpath)) { FX_fso.CreateFolder(FX_dpath); } Application.Lock(); var FX_file = FX_fso.OpenTextFile(FX_fpath, 8, true); FX_file.write(0); FX_file.Close(); Application.Unlock(); } // Read file and update it once per session var FX_fobj = FX_fso.getfile(FX_fpath); var FX_file = FX_fobj.OpenAsTextStream(1,-2); FX_count = Math.round(FX_file.Read(100)); if (Session("FX_DataCounter") == null) { Application.Lock(); FX_file = FX_fso.CreateTextFile(FX_fpath, 8, false); FX_file.write(FX_count+1); FX_file.Close(); Application.Unlock(); FX_fso = null; FX_count++; Session("FX_DataCounter") = FX_count; } // Add leadings var FX_numlength = String(FX_count).length; if (FX_numlength < FX_digit) { var FX_lead = parseInt(FX_digit - FX_numlength); for (var i=0; i Noticias - Cronica de las Merindades
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VALLE DE MENA

LOS CAMINOS DEL VALLE DE TUDELA


El valle de Tudela se extiende por el extremo oriental del municipio Valle de Mena, entre el Pico del Fraile o Lía y el Puerto de Angulo y es, probablemente, el de más rancio abolengo de los cinco que componen dicho municipio. Son los otros cuatro valles: el del Cadagua, bañado por el río de ese nombre y en el que se ubica la capital; el Valle o Canal de Ordunte, formado por la cuenca del río Ordunte, que recoge las aguas de la vertiente oriental de los montes homónimos y alimenta el pantano de igual denominación; el Valle de Angulo, paralelo al de Tudela y que se desarrolla desde la cima del puerto de su nombre hasta la raya con Álava, y el Valle de Ayega, el más septentrional de todos, que linda con Álava y Vizcaya.
El Valle de Tudela perteneció durante siglos a las monjas del Convento de Santa Clara de Medina de Pomar por cesión del patrono del mismo, don Pedro Fernández de Velasco, señor de aquellas tierras, quienes mantenían sobre él jurisdicción civil y criminal, pudiendo nombrar alcaldes y administradores. Las relaciones del convento con sus colonos del Valle menés no siempre fueron una balsa de aceite, pues los pleitos entre ambas partes menudean a lo largo de los tiempos, sobre todo en cuestión de pastos y derechos de corta y entresaca de leña.

Pasear hoy por esta sucesión sin fin de pequeños vallejos, lomas, hondonadas y suaves laderas de un verdor inigualable, es un verdadero placer, tan solo interrumpido, de vez en vez, por el paso de automóviles, motocicletas y otros vehículos motorizados, esa verdadera plaga de la civilización que no perdona soledades.

Hacía bastante tiempo que no habíamos visitado el valle, así que, con el fin de completar esta serie de artículos sobre los caminos para perderse en Las Merindades, bajamos desde Medina hacia Mena y, por la nueva circunvalación de Villasana, enfilamos Medianas en busca del valle tudelano.

Bajando ya hacia Arceniega, antes de llegar al nuevo pantano, encontraremos un cruce de carreteras, ya en plena Tudela. A la izquierda está Artieta, el más importante y blasonado de todos los asentamientos del valle, y sus pueblos satélites de Berrandúlez, Viergol y Ventadés, éste último ya devorado por un ambicioso campo de golf en construcción y los demás sostenidos, casi por milagro, gracias a la fidelidad y amor se sus pocos, poquísimos, vecinos, la mayoría de edad muy avanzada.
A la derecha, dirección que seguiremos, se encuentran los pueblos y aldeas que conforman, hoy en día, el corazón del Valle, entre los que se cuenta su capital histórica: Santiago de Tudela.

La estrecha calzada discurre escoltada por cercas con alambre de púas, las cuales certifican el carácter ganadero de la zona. Los pastos, salpicados por pequeñas manchas arbóreas destinadas, sin duda, al ramoneo de las reses que por ellos campean libremente, son los dueños y señores del terreno.
A nuestra derecha, sobre un montículo pronunciado, una desconcertante y moderna torre de cemento con aires medievales, parece vigilar el paso de visitantes. Caprichosa construcción que deja epatado al viajero

Andado apenas un kilómetro desde el cruce, el minúsculo núcleo de La Llana se presenta de pronto con una impactante casa-torre ejerciendo de portera y formando conjunto monumental con la borda blasonada que se levanta frente a ella. Se trata de un elegante y señorial complejo, la torre y la borda, de cánones barrocos, cuya fachada sur, la de la torre, claro está, luce una elegante portada adornada con cadenetas y rematada en despegado frontón, el cual enmarca un artístico escudo con los característicos escaques del blasón de los Velasco. Es una construcción del barroco clasicista, fechada en 1610, y la prueba de cuanto dijimos al principio. Los Velasco y las monjas medinesas de Santa Clara siguen presentes.

A la salida del minúsculo núcleo de La Llana, a la izquierda, arranca el carretil asfaltado que nos permite llegar a Santa María del Llano y Araduenga; el primero a un kilómetro de distancia y el segundo a dos. Son pueblecitos llenos de encanto, bien situados, que aún conservan ese hálito de vida tranquila y, al mismo tiempo, laboriosa, plena de bucólica paz.
De La Llana a Santiago de Tudela tan sólo se recorre medio kilómetro. Santiago es, y así lo parece, la capital del Valle. La calzada desemboca en una especie de plazoleta presidida por una fuente del siglo XIX, dotada de abrevadero, naturalmente. A su alrededor se levantan poderosas casonas neoclásicas bien cuidadas, todas ellas de piedra, y, sobre un cerrillo, vigila el núcleo la iglesia parroquial de airosa torre. Aunque, aparte de unos perros escandalosos y nada amistosos, no vimos en esta ocasión ser viviente alguno, Santiago de Tudela es lugar que cuenta con veinticinco habitantes censados. Algunos coches aparcados dan fe de ello.
En Santiago arranca la carreterilla que asciende, y nunca mejor dicho, hasta Luengas, a un kilómetro. Media docena de buenas casas, mal contadas, forman este reducido núcleo poblacional.

A partir de Santiago, la calzada se ancha. Las manchas de pinos y fresnos se intensifican y alternan, en continuo relevo, con zonas de pasto. A casi dos kilómetros de marcha, atravesamos la media docena de edificios que componen el desperdigado caserío de Santa Olaja, último de los pueblos que visitaremos en nuestro recorrido. También aquí veremos varias de las explotaciones ganaderas que son la principal fuente de ingresos de los meneses tudelanos.

La carretera, desde Santa Olaja, sigue siendo de anchura suficiente para no estar tan atento al tráfico, casi inexistente, como hasta ahora. Tras cinco kilómetros de andadura, llegaremos al enlace con la provincial BU-550, la del Puerto de Angulo, cuya cima encontraremos a dos kilómetros a nuestra derecha. Estamos en la vertiente sur del menés Valle de Angulo, donde damos por finalizada nuestra excursión.

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